Alejandro Cañedo

Mi primera experiencia en Miami fue en Semana Santa de 1980. Tenía 14 años y acompañé a mi papá en un viaje muy especial: llevar a un grupo de turistas poblanos a esta ciudad del sur de Florida. En aquel entonces, los itinerarios eran distintos a los de hoy.

El viaje incluía Miami, un traslado hasta Orlando —donde apenas se destinaba un día a Disney— y el regreso nuevamente a Miami, que ya desde entonces funcionaba como gran punto de entrada y salida.

Después de ese recorrido, abordamos un crucero: el *Emerald Seas*, un barco pequeño para los estándares actuales, pero elegante y muy atractivo en su momento.

Tenía alrededor de 24 mil toneladas, una cifra que hoy parece modesta frente a los gigantes del mar, pero que entonces representaba una experiencia completa, cercana y muy especial.

Fue mi primer contacto con el mundo de los cruceros, partiendo justamente desde el Puerto de Miami.

El Miami de aquellos años era muy distinto al de hoy. La ciudad aún no tenía el perfil contemporáneo que ahora la define.

Muchos hoteles de Miami Beach no atravesaban su mejor momento y todavía no se hablaba del rescate de la época dorada de los años cincuenta que vendría después.

Sin embargo, el hotel Fontainebleau era la gran excepción: en ese momento sí era un auténtico hotel de lujo, un referente de modernidad y sofisticación.

Se decía, casi como una leyenda urbana, que se habían gastado un millón de dólares solamente en la alberca, una cifra que en esos años parecía descomunal y que alimentaba la fama del hotel como uno de los más espectaculares de Estados Unidos.

Con los años regresé muchas veces a Miami, ya en viajes de vacaciones y, sobre todo, como punto de partida para cruceros.

Así fui descubriendo su profunda herencia latina, esa mezcla cultural que hoy la convierte en la capital latinoamericana fuera de América Latina.

La Pequeña Habana, su gastronomía diversa, sus restaurantes de clase mundial, sus barrios vibrantes y su vida cultural explican por qué Miami es una ciudad que no deja de reinventarse.

Hoy, Miami es una metrópoli global: moderna, vertical, multicultural y profundamente conectada con el turismo internacional.

Su puerto es uno de los más importantes del mundo para la industria de cruceros, y su aeropuerto es una de las principales puertas de entrada a Estados Unidos desde América Latina y el Caribe.

En 2026, Miami será también sede del Mundial de Futbol.

Los partidos se jugarán en el Hard Rock Stadium, un recinto que ya conoce los grandes eventos deportivos y que se suma a la fiesta mundialista en una ciudad acostumbrada a recibir al mundo.

Entre playas, cultura, gastronomía, compras y futbol, Miami vuelve a colocarse en el centro del escenario internacional.

Una ciudad que ha cambiado mucho, pero que sigue teniendo la misma vocación: ser punto de encuentro, de salida y de regreso.

Viajemos juntos.