
Las jornadas de Félix Ayala Ávila, el creador de Productos Alimenticios La Morena, que este 27 de octubre del 2020 cumple 50 años de existencia como empresa empezaban desde las cuatro de la mañana.
Un niño de catorce años, huérfano, recién llegado a la capital del país procedente de La Piedad, Michoacán, tenía que buscar el sustento diario, y en medio de jitomates, cebollas y chiles, forjó su vida y la de su futura empresa.
“No solamente era el único proveedor de jitomates, sino también el único que dejaba que se acumularan las cobranzas de las entregas que había hecho y cobrar tiempo más tarde. Él entregaba, entregaba, entregaba y entonces cobraba y se enojaba Don Clemente Jacques”, recuerda Ignacio Aviña Zúñiga, primo de la esposa de Félix Ayala, en torno al estilo de ventas del futuro creador de La Morena.
Floriberto Morales, quien trabajó tres décadas a su lado lo recuerda como un personaje controvertido, muy especial, llegaba a la junta, preguntaba y empezaba a echar ajos y cebollas (algunas groserías), pero poco a poco le bajaba y acababa echando relajo, siempre le gustaba trabajar y estaba al pendiente de todo”.
“De lo más bonito, sin duda, es lo que conocí del principio de su vida, como logró ser un industrial, como se propuso una meta y la consiguió. Desde que llegó de La Piedad al Distrito Federal, pasando por el callejón de la amargura, Garibaldi, La Merced, La Lagunilla, como proveedor de Clemente Jacques, San Marcos, La Cumbre, Búfalo, La Costeña y Hérdez, de todas las empresas a las que él les vendía el jitomate”.
Su último chofer, Oscar Cuellar “El Gordo”, lo recuerda en sus últimos años observando todo desde la puerta de su empresa, donde se instalaba en su silla de ruedas para tomar el sol, ver todos los movimientos, entradas y salidas.
Incluso en ese momento -en la primera década del siglo XXI-, “era un hombre muy fuerte, no importaba si había aire, calor, tierra o polvo, fríos o aguaceros, él permanecía sentado como un roble”.
Su chaleco gris inseparable –uno de muchos tejidos por Doña Margarita, su esposa-, formaban parte del sello distintivo de su persona: “Siempre le gustaba traer su chaleco cerrado. Grandote, porqué, pues le gustaba hacer pausas en los viajes y estar cobijado”, remata El Gordo.

En sus 50 años nunca ha estallado una huelga en La Morena, “la verdad todos estábamos concentrados en el trabajo, haciendo bien las cosas en Productos Alimenticios La Morena, porque siempre se ha catalogado esta fábrica por su calidad”, comenta José Rafael Pérez Doroteo, quien recuerda al empresario trabajando.
“Descargaba también, le entraba a las rejas de jitomate y echarlo a la máquina. Era muy respetuoso, siempre nos contestaba, nos llamaba, nos pedía por favor, pedía que se levantaran los chiles del suelo, esto es dinero, nos reclamaba, no había nada de desperdicio”.
Don Félix Ayala prácticamente compró el cascarón de la fábrica de chiles La Cumbre, entonces en manos de Heinz y al paso del tiempo la convirtió en el segundo lugar nacional en su rubro, con 40 distintas presentaciones y dos plantas, en Grajales-Nopalucan y Huamantla, que desarrollan exportaciones no solamente a la región T-MEC, sino a otros países en diversos continentes.
Irma Cerón Romero trabajó en La Morena en aquellos tiempos de añoranzas: “Eran otros tiempos, más favorables, siempre los Ayala han sido buenos patrones y pues aquí se festeja a la Virgen Morena de Guadalupe cada 12 de diciembre. Hay misa, juegos, antojitos, echaban muchos cohetes, eso es lo que me recuerdo”.
Delia Grados, por su parte, era empleada en el área administrativa, donde veía cuantos camiones habían entrado de materias primas. En ese tiempo algunas cargas las metía él mismo Don Félix y si había que pagar se liquidaba.
Alejandro Nieto revisaba los pagos, Nacho Márquez y Don Patricio Hernández también supervisaban procesos hasta la hora de la comida, entre la una y dos de la tarde, luego se revisaban los pendientes y que se pusieran las órdenes correspondientes para liquidar los compromisos.
Eran las épocas de a cuatro, cinco a diez pesos por caja, dependía del tamaño de las rejas, recuerda.
Don Félix también era bueno para negociar: “Trataba con proveedores, siempre con el mejor precio, les regateo lo máximo en el precio, pero eso sí, muy pagador, incluso a veces los refaccionaba, siempre fue buena paga”.
Eso sí, dentro del trabajo era muy especial. Si estaba enojado no atendía a la gente, pero todos coinciden: “No quedaba a deber nada ni a nadie, era gente sumamente seria”.
En medio de esa frugalidad, Víctor Padilla, dueño de la Distribución de La Morena en Estados Unidos y titular del Grupo Padilla hacia finales de la primera década del siglo XXI recuerda que un día le ofreció a Don Félix enviarle una silla eléctrica para que se desplazara a lo largo y ancho de su fábrica: “¡Aah! ¿entonces quiere que le quite el trabajo a este que me está empujando?”, le respondió.
Nunca lo vi con un traje nuevo, siempre la misma camisa y su chaleco. Tampoco cambiaba auto. De hecho, si yo me sacara su carro en la rifa no me lo llevaba, y el chofer todavía era más viejo, hasta daba miedo de que nos fuera ocurrir una peripecia, Él, Don Félix, no se gastó lo que ganó.
UN DÍA CON EL PRESIDENTE
Pero dentro de la vida de Don Félix, un capítulo que marcó su posición con respecto a los políticos quedó de manifiesto el día que se inauguraron las instalaciones de Cinia de Fernando Diez Fernández, en un acto que presidió el entonces Ejecutivo federal, Vicente Fox Quesada.
Fue un viernes 10 de junio del 2005 cuando Don Félix Ayala, el hombre, el empresario, tuvo el valor de increpar al Presidente de la República, Vicente Fox Quesada y manifestarle el sentir que muchos tenemos de los políticos, repasa el Padre Ignacio González Molina.
Lo cierto es que sus palabras fueron medidas, reflexivas y puntuales hacia el primer Mandatario de alternancia: “Cumpla usted sus promesas de campaña”, le manifestó.
“Te tienes que enfocar a lo que te comprometiste a hacer”, añadió.
Don Félix había dejado su silla de ruedas en señal de respeto a la investidura del Ejecutivo Federal y se acercó al mismo para felicitarlo por las decisiones que había tomado en su mandato, pero también clamar cumpliera con sus compromisos, en especial el apoyo a las pequeñas y medianas empresas.
LOS MERCADOS DE EXPORTACIÓN
Chicago, California y Nueva York, son parte de sus mercados: no sólo son los poblanos los que compran, sino americanos. Del 95 por ciento de consumidores mexicanos, cambió al 30 por ciento los hispanos y el 70 por ciento a los americanos”.
Fue un proceso que se basó en el trato y respeto de Don Félix con el distribuidor, que al paso de los años derivó en que uno de los Iron Chef América más prestigiados, Bobby Flay, usara los chipotles de La Morena para una de sus batallas en el Coliseo de la Cocina. (Mauricio García León)
