
En octubre del 2020, una investigación realizada en conjunto por Americas Market Intelligencey Mastercard mostró que casi 40 millones de personas se habían bancarizado en los últimos cinco meses, en pleno apogeo de la pandemia, lo que supone según datos del Banco Mundial, un once por ciento de la población adulta.
Programas de ayuda gubernamentales como el Coronavoucher (Brasil), Ingreso Solidario (Colombia) o Ingreso Familiar de Emergencia (Argentina) forzaron a estos usuarios, que previamente utilizaban solo efectivo, a abrir una cuenta bancaria para poder recibir los ingresos de auxilio.
Este empuje de la pseudo-bancarización, que ha propiciado la pandemia, es una de esas pocas cosas positivas que nos dejan las crisis y que debemos aprovechar.
Se habla de pseudo-bancarización porque si bien el hecho de tener una cuenta corriente implica “bancarización”, no necesariamente implica el uso de productos financieros o acceso al crédito, que es realmente el objetivo final.
En la última encuesta de Global Findex 2017 se aprecia una gran disparidad en la región, encontramos países como Colombia, Chile o Brasil, que tienen más del 70 por ciento de la población, con una cuenta bancaria desde hace más de quince años; mientras que otros países como México, Nicaragua o Ecuador, oscilan en un rango más bajo, entre el 30 y 40 por ciento.
A lo largo de muchos años, el proceso de bancarización de este segmento de la población ha consistido precisamente en eso, dar los primeros pasos sin ofrecer una continuidad.
Antes de la era digital, eran los propios agentes de campo los que visitaban a estos clientes con toda la documentación en papel necesaria para conseguir la firma y apertura de la cuenta.
¿Qué ocurría después? Lo evidente, que no se utilizaba. Para cualquier operación había que recorrer una distancia demasiado grande y/o los procesos de otorgamiento de crédito eran demasiado pesados,con resultados negativos en la mayoría de las ocasiones.
El resultado: Mejor seguir trabajando con efectivo.
En la era digital, parte del proceso manual ha sido automatizado y es posible realizar apertura de cuentas desde dispositivos móviles. Siendo así, ¿porqué la bancarización no ha aumentado proporcionalmente? La respuesta implica la repetición del mismo error de la era pre-digital, no hay continuidad a la apertura de la cuenta, no se ofrece una experiencia financiera completa.
Nos encontramos en un momento único para conseguir la bancarización real de la población de América Latina, y estos son los motivos:
• La pandemia ha sido un catalizador para que muchos consumidores den el paso de abrir una cuenta bancaria, donde, cómo hemos visto, se depositaban las ayudas gubernamentales. Este acercamiento debe ser aprovechado.
• La tecnología es el gran aliado. Según datos del Banco Mundial, el porcentaje de la población con acceso a internet asciende al 78% en el promedio de países en Latino América. Esto elimina la barrera geográfica que existe en muchos países.
• Tecnología genera datos. Hay una amplia generación de data alternativa con alto valor predictivo que puede ser utilizada para realizar evaluaciones de riesgo más fidedignas en una población sin información crediticia tradicional.
Con un entorno más favorable que nunca, es importante no repetir errores del pasado y entender la bancarización como un proceso continuo, sin una etapa final; y cuyo objetivo sea seguir avanzando con las necesidades que vayan necesitando los consumidores.
Población no bancarizada y empleo informal son dos conceptos que van muy de la mano, tan de la mano, que los porcentajes por país de uno y otro son muy similares.
Según la Organización Internacional del Trabajo, el porcentaje de trabajadores empleados en el sector informal oscila en una escala muy baja del 23 por ciento en Uruguay, hasta el casi 85 por ciento en Bolivia, situándose la tasa media alrededor del 50 por ciento.
La cantidad de información alternativa, estructurada y no estructurada, que se genera hoy en día por todo tipo de aplicaciones y canales, es una valiosa fuente adicional para aumentar el área de certeza en la otorgación de créditos.
Relacionar datos, obtener información de ellos, generar características de alto valor predictivo, que ayuden a la reducción de la zona gris de riesgo de crédito, que siempre ha supuesto un obstáculo para la banca tradicional.
Es posible y así lo han entendido muchas Fintechs que se centran exclusivamente en este sector, ofreciendo servicios que sortean los paradigmas, reales o percibidos, sobre el mundo bancario.
Otro aspecto muy relevante es la educación financiera, de la que generalmente carece este tipo de consumidor. Sin un conocimiento básico de lo que significan los productos financieros, es difícil confiar en ellos y llevar una buena salud financiera.
Además, la vergüenza de interactuar con otra persona física, haciendo preguntas básicas es una barrera adicional. La tecnología, en este sentido, permite educar de forma sencilla, amigable y más impersonal, consiguiendo de forma mas eficiente el objetivo de transferir el conocimiento al usuario final.
