En un movimiento para muchos inusual, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que ayuda a Japón a frenar la caída del yen, luego de que la moneda japonesa alcanzara la semana pasada su nivel más bajo frente al dólar en cuatro décadas.

La medida llevó a ambos países a intervenir de manera conjunta en el mercado cambiario, lo que señala la primera ocasión en que trabajan juntos desde 2011, cuando participaron en una acción del G7 después del terremoto y tsunami que afectaron al este de Japón.

Las autoridades de Tokio y Washington dejaron abierta la posibilidad de repetir estas operaciones si la moneda japonesa vuelve a enfrentar movimientos desordenados.

De acuerdo al Banco de Japón, el gobierno de ese país vendió cerca de 59 mil millones de dólares para comprar yenes durante la intervención realizada el pasado jueves 30 de julio en los mercados de Nueva York.

Hasta el momento, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos no ha revelado el monto de su participación, sin embargo, de acuerdo a una imagen difundida por la agencia Reuters un bloc de notas frente al secretario del Tesoro, Scott Bessent, registraba la anotación: «Comprar yenes japoneses por un valor de entre 5 mil y 10 mil millones de dólares».

La principal presión sobre la moneda japonesa proviene de la diferencia entre las tasas de interés de Japón y Estados Unidos.

Aunque el Banco de Japón elevó en junio su tasa de referencia al 1%, su nivel más alto desde 1995, ésta permanece muy por debajo del rango de 3.50% a 3.75% establecido por la Reserva Federal.

Esta diferencia lleva a los inversionistas a preferir activos en dólares, ya que generan mayores ganancias, lo que impulsa el valor de la moneda estadounidense y reduce el valor del yen.

A ello se suman problemas estructurales de la economía japonesa, como el envejecimiento de la población, la reducción de la fuerza laboral, el bajo crecimiento de la productividad y la dependencia de las importaciones de energía, cuyos precios se fijan en dólares.

El Ministerio de Finanzas de Japón aseguró que la intervención permitió contrarrestar la volatilidad excesiva que había registrado el yen durante los últimos meses.

Por su parte, Scott Bessent afirmó que las acciones coordinadas ayudaron a corregir los movimientos desordenados de la moneda y reiteró el respaldo de Estados Unidos a las medidas adoptadas por Tokio.