Europa, Canadá y Japón están bastante unidos en su oposición al proteccionismo de Trump, al tiempo que buscan formas de superar la división y evitar la ruptura del G-7, que en sus 42 años de historia ha preferido encontrar consensos sobre la economía y otros temas.

 

Las expectativas de lograr avances en la reunión de dos días del Grupo de los Siete países más ricos del mundo en La Malbaie, Quebec, son bajas.

Y es que los socios comerciales de Washington están molestos por la decisión tomada la semana pasada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles al acero y aluminio de Canadá, la Unión Europea y México. La decisión estadounidense provocó una represalia por parte de algunos países.

La canciller alemana, Angela Merkel, sondeó la idea de establecer un mecanismo para resolver diferencias comerciales con Estados Unidos y evitar futuros choques, dijo un funcionario francés, mientras el consenso de los líderes del G-7 reunidos en una cumbre en Canadá parecía esquivo.

El funcionario describió la sugerencia de Merkel como un mecanismo de «evaluación y diálogo compartido», pero no aportó más detalles.

La propuesta de Merkel contó con un fuerte respaldo por parte de otros líderes en el encuentro, señaló el funcionario, agregando que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, aseguró estar dispuesto a invertir personalmente en él.

Canadá, anfitrión de la cumbre y el país que se ha llevado la mayor parte de los ataques de Trump en materia comercial de los últimos días, mantiene la esperanza de que puedan lograrse avances en asuntos menos controvertidos como la igualdad de género y el crecimiento económico.

Aunque los líderes del G-7 han elogiado en general a Trump por sus esfuerzos para estabilizar la Península de Corea, no están de acuerdo con la salida de un acuerdo internacional diseñado para limitar las ambiciones nucleares de Irán.