Hablar de riesgo sísmico en un país en el que durante el último año se registraron 39 mil 938 sismos, es una realidad permanente.

De acuerdo a Marsh, corredor de seguros y asesor de riesgos líder en el mundo, el desafío para las empresas va más allá de responder adecuadamente durante los minutos posteriores a una emergencia.

Un sismo puede afectar simultáneamente instalaciones, colaboradores, servicios básicos, proveedores, cadenas de suministro y comunicaciones, convirtiendo un evento físico en una interrupción operativa con posibles repercusiones financieras y reputacionales.

Las organizaciones necesitan analizar qué procesos deben recuperarse primero, cuáles son sus principales dependencias y qué alternativas existen si una instalación, proveedor o servicio crítico deja de estar disponible.

Por lo anterior, la compañía recomienda considerar, entre otros elementos:

  • Identificar instalaciones y operaciones críticas, incluyendo ubicaciones propias y aquellas de clientes y proveedores que podrían sufrir afectaciones directas o indirectas.
  • Revisar y actualizar los planes de continuidad de negocio, considerando escenarios en los que una instalación permanezca temporalmente inaccesible o servicios como electricidad, agua, telecomunicaciones o transporte sean interrumpidos.
  • Evaluar la resiliencia de proveedores críticos, ya que una organización puede permanecer físicamente intacta y aun así detener sus operaciones debido a afectaciones en terceros.
  • Mantener protocolos de comunicación y manejo de crisis, estableciendo responsabilidades y canales para colaboradores, clientes, proveedores y autoridades.
  • Conocer las coberturas y condiciones de aseguramiento, incluyendo daños materiales, interrupción de negocios, deducibles, valoración de activos y procedimientos para la presentación de reclamaciones.

Señaló que si bien, los simulacros permiten evaluar una parte de esta preparación, para las empresas, el ejercicio también representa una oportunidad para preguntarse qué sucedería después de la evacuación y establecer los mecanismos necesarios para la respuesta adecuada.

De esta manera, la pregunta para las empresas no es únicamente cómo reaccionar cuando ocurre un sismo, sino qué tan preparadas están para continuar operando después de él.