El Mole Poblano fue producto de una comida de gala por la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera con 200 comensales, quienes disfrutaron las versiones creadas por nueve restaurantes participantes.

 

La creación del Mole Poblano suma muchas versiones, por ejemplo, que si fue creado por sor Andrea de la Asunción en honor del Virrey de La Laguna; que si fue otra monja en años anteriores para el obispo Palafox; o tal vez para el obispo Fernández de Santa Cruz, pero todas coinciden en que cuando los ingredientes eran puestos en la piedra para triturarlos y molerlos, alguna asistente preguntó: ¿qué molli… o que mole?

Las exportaciones de alimentos, bebidas y tabaco, se concentraron en 47 productos que incluyen el Mole Poblano en pasta, mezcal, dulces, legumbres y hortalizas, panadería, pastelería, panificación y galletas, agua mineral, chiles y otras hortalizas en conservas, café y miel.

Las monjas lo producían para vender en las casas desde principios del siglo XVIII, mientras que encuestas refieren que los comensales provenientes de Ciudad de México ubican las enchiladas de mole poblano como las preferidas en su visita a Puebla.

El presidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera (Canirac), Ignacio Alarcón Rodríguez Pacheco, ubicó que existen tantas versiones de moles como hogares, al referir que existen algunos con más de 30 ingredientes.

En ese contexto, el expresidente de la Canirac, Roberto Quintero Vega, ha señalado que el Mole Poblano debiera contar con una denominación de origen, no obstante la gran cantidad de moles que existen en diversas entidades del país.

La idea era lograr que el mole poblano se convierta en motor de desarrollo, agregándole valor mediante la estrategia de proteger jurídicamente a los productores con la intención de contar con un producto  diferenciado en la pasta para mole poblano, lo cual podría iniciarse con la  gestión para obtener el registro de marca colectiva. Sin embargo, el tema no logró aterrizarse.