La Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) advirtió que los sistemas energéticos actuales carecen de estructura para alcanzar el objetivo climático de 1.5 °C.

De acuerdo al informe “Transición para abandonar los combustibles fósiles”, aunque los objetivos mundiales de triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar las mejoras de la eficiencia energética para 2030 siguen siendo esenciales, no bastan por sí solos para lograr la transición energética mundial.

Las crecientes tensiones geopolíticas, el aumento de la demanda de energía y la creciente volatilidad de los mercados de combustibles fósiles están reconfigurando el panorama energético mundial.

Irena prevé que la participación de la electricidad en el consumo mundial aumente del 23% actual al 35% en 2035 y a más del 50% en 2050, con una demanda creciente cubierta en su mayor parte por energías renovables.

El escenario también prevé que la participación de los combustibles fósiles disminuya en todos los sectores del 80% actual al 50% en 2035 y a menos del 20% en 2050.

El director general de Irena, Francesco La Camera señaló que el mundo debe adaptarse a una nueva realidad energética.

«Más allá de los objetivos de triplicar las energías renovables y duplicar la eficiencia energética está el reto más amplio de transformar sistemas energéticos enteros y reducir el uso de combustibles fósiles en toda la oferta y la demanda. La electrificación y la eliminación de los combustibles fósiles son inseparables y deben avanzar juntas».

El informe destaca que la electrificación se está convirtiendo en el principal motor estructural del declive de los combustibles fósiles en todos los grandes sectores de uso final.

La transición hacia el abandono de los combustibles fósiles implicaría una reestructuración completa de las infraestructuras energéticas y de la asignación de las inversiones.

Los países deben invertir simultáneamente en redes, almacenamiento y flexibilidad del sistema para garantizar sistemas eléctricos fiables, seguros y asequibles, capaces de soportar la creciente demanda.

La infraestructura se ha convertido en un cuello de botella crítico, con alrededor de 2 mil 500 gigavatios de energía eólica y solar a la espera de conectarse a las redes.

Las mejoras para 2035 y 2050 no se lograrán sin una agilización de los permisos y un aumento sustancial de la inversión.

Irena calcula que las necesidades de inversión en la red eléctrica ascienden, en promedio, a 1.2 billones de dólares anuales, más del doble de los 0.5 billones de dólares invertidos en 2025.

También serán necesarias inversiones significativas en las cadenas de suministro de hidrógeno y combustibles alternativos, así como en la electrificación de las tecnologías de uso final y su infraestructura de apoyo, desde la recarga de vehículos eléctricos y la modernización de edificios hasta la construcción de sistemas eléctricos de calefacción y refrigeración y la electrificación industrial.