Estudiantes, egresados e investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), trabajan a contra reloj para concluir la integración del Módulo Experimental para el Diseño Iterativo de Subsistemas Satelitales, (EMIDSS 8, por sus siglas en inglés).

El módulo viajará a Ciudad Juárez y posteriormente a Fort Sumner, Nuevo México, donde será sometido a pruebas antes su lanzamiento.

Se trata de una plataforma para validar tecnología en donde la UNAM aporta un modelo de nanosatélite, el IPN integra un biorreactor con algas y el ITESO coordina el diseño mecánico.

El liderazgo recae en especialistas como Luis Rizo Domínguez, investigador principal de la misión, quien define el nivel de responsabilidad del equipo: “Somos los responsables ante la NASA de estar respondiendo a las solicitudes y de cuidar que todos los procesos eléctricos, mecánicos y de implementación corran bien”.

Entre tornillos, tarjetas electrónicas, cables y el ruido constante de atornilladores, Renata Álvarez, estudiante de Ingeniería Mecánica del ITESO, participa en las últimas tareas de ensamblaje, la estructura sobre la que trabaja no solo albergará experimentos desarrollados por equipos de las tres universidades, también deberá soportar las exigencias mecánicas y ambientales de una misión estratosférica. 

Aunque el lanzamiento suele ser el momento más visible para quienes observan el proyecto desde fuera, para ella la etapa más desafiante ocurre mucho antes, durante las reuniones de evaluación con la NASA. “Creo que lo previo es lo más difícil”.

La misión de este año integra experimentos diversos; la UNAM llevará módulos de observación, sensores ambientales y un modelo de nanosatélite que servirá para validar tecnologías que eventualmente podrían alcanzar la órbita terrestre. 

El ITESO probará nuevas configuraciones de sistemas electrónicos, memorias especializadas, cámaras de observación y sensores que forman parte de futuras líneas de investigación aeroespacial. 

Por su parte, el IPN participará con un biorreactor diseñado para estudiar el comportamiento de algas en condiciones cercanas al espacio, además de materiales experimentales elaborados con sargazo y residuos de café que serán sometidos a temperaturas extremas y altos niveles de radiación.