Los precios de los combustibles reflejan el costo del petróleo, pero también incorporan el precio de la incertidumbre.

Desde febrero de este año, la guerra de Estados Unidos-Israel contra Irán ha provocado descalabros a los mercados energéticos mundiales

Esta crisis ocurre en un momento geoeconómico caótico en el que la globalización y el libre comercio han perdido peso.

De acuerdo a la editora especializada en Economía, Elba Astorga, “la gran lección a aprender es que la seguridad energética es crucial para la estabilidad económica y la seguridad nacional de los países”.

Los ataques a las infraestructuras petroleras de los países del golfo Pérsico y la imposibilidad de paso de buques cisterna y butaneros por el estrecho de Ormuz está repercutiendo en la oferta de los hidrocarburos y sus derivados y, por tanto, en sus precios.

Esta crisis afecta no solo a los combustibles: también a los fertilizantes, algo que amenaza a la campaña agrícola mundial de esta temporada, y a las materias primas para la producción de plásticos, indispensables para las economías del sudeste asiático.

En marzo, la Agencia Internacional de la Energía, liberó 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas (un tercio del total), en un intento de contener los efectos negativos sobre la economía mundial de lo que ha llamado “la mayor disrupción de suministro petrolero de la historia”.

Los expertos más optimistas confían en que el mercado energético acabe ajustándose, como pasó en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania, sin provocar una recesión global. No obstante, esta vez Ormuz está cerrado y eso constriñe la oferta petrolera y marca la gran diferencia con respecto a 2022.

A medida que se acerca el verano aumenta la demanda de hidrocarburos y uno de los sectores más afectados por la menor oferta y los precios más altos es el de la aviación civil.

Si volar se hace más caro, el modo de viajar de los turistas cambia: reservas más tempranas, estancias más reducidas, fechas de viaje adaptadas a los precios de temporada, viajes a destinos más cercanos, menos gastos de viaje o, incluso, simplemente quedarse en casa.

Una característica del mercado petrolero que ha salido a la luz con la crisis del Estrecho es la desconexión que hay entre el petróleo físico y la especulación financiera.

En los mercados de materias primas el petróleo se negocia a futuro: un compromiso para una entrega teórica en una fecha futura.

Para los consumidores finales, los cambios se hacen visibles más temprano o más tarde, según el sentido de la variación en los precios.

Cuando aumentan, ese incremento se traslada rápidamente al precio final de la gasolina y el diésel para evitar la caída de los márgenes de beneficio.

Caso contrario, cuando el petróleo baja, el descenso suele ser mucho más lento.