Como parte de la estrategia de divulgación «Detrás del Balón: Perspectiva UDLAP», el investigador del Departamento de Economía de la Universidad De Las Américas Puebla (UDLAP), Martín Alfonso López Ramírez, desmitificó el alcance macroeconómico real de la justa en México.

El académico señaló que, aunque son positivas, las estimaciones más realistas sitúan el impacto en el 0.14% o 0.15% del Producto Interno Bruto (PIB).

De acuerdo a análisis de datos, manifestó que el efecto neto sobre la economía nacional es transitorio y se comporta como un potente estímulo de temporada para sectores específicos.

«Sí existe un impacto económico importante, pero es relevante destacar que es momentáneo y no es tan grande como la mayoría de la gente podría considerarlo, es una fracción muy pequeña del PIB.  Sí, es un efecto positivo, pero marginal».

Mencionó que el beneficio de ser un país anfitrión radica en lo que él cataloga como un «aguinaldo de verano», es decir, una inyección de capital concentrada y sumamente vigorosa para el mercado interno impulsado por un perfil de visitante extranjero de alto consumo.

A nivel comunitario, el consumo de ocasión permea con gran fuerza debido a la forma en que se paraliza el país cuando juega la selección mexicana, a diferencia de lo que ocurre con la liga local, donde el público habitualmente consume en solitario a menos que se trate de un clásico o la liguilla.

Recordó que esta actividad proyectó la creación de alrededor de 100 mil empleos temporales, principalmente, en las áreas de servicios, lo que consolida al llamado “respiro financiero estacional”.

La alta rentabilidad por encuentro en el país es uno de los hallazgos cuantitativos más destacados de su análisis; señaló que, aunque en Estados Unidos y Canadá se esperan también ingresos millonarios en los estadios, la plaza nacional liderará la eficiencia en ingresos.

«En las otras dos naciones las ganancias por partido son alrededor de 200 millones de dólares;  en el caso de México son 311 millones de dólares por partido», señaló.

López Ramírez argumentó que el legado principal de este torneo no es macroeconómico, sino físico y reputacional; en el plano urbano, permanecen las obras de infraestructura de movilidad y la remodelación de aeropuertos, mientras que en el plano internacional, desarrollar el torneo con un entorno pacífico contrarresta las percepciones externas ligadas al narcotráfico, mejorando las posibilidades del país para posicionarse como un “destino seguro y adecuado” para la inversión extranjera.