De cara al Día Internacional de la Mujer y los retos que el género enfrenta, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), señala que solo 3 de cada 10 profesionistas en el país, que eligieron carreras relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, conocidas también como STEM, son mujeres.
Este fenómeno se registra a pesar de que las mujeres representan más de la mitad de la matrícula universitaria nacional.
En México, aunque cada vez más mujeres acceden a la educación superior y se integran a carreras científicas y tecnológicas, el verdadero desafío comienza después de la graduación.
Muchas no logran avanzar hacia posiciones de liderazgo o abandonan el sector en los primeros años de su vida laboral, particularmente tras convertirse en madres.
Las causas
La brecha comienza desde edades tempranas: mientras 28% de los niños mexicanos de 15 años manifiesta interés en estudiar ciencias o ingenierías, solo 9% de las niñas expresa esa intención.
Es por ello que el Foro Económico Mundial estima que tomaría 123 años cerrar completamente la brecha de género si se mantiene el ritmo actual.
El problema no es solo vocacional, sino social.
Una vez que las mujeres logran incorporarse al mercado laboral, enfrentan una estructura que no siempre está diseñada para sostener su desarrollo.
En México, las mujeres concentran casi tres cuartas partes del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, y dedican a estas tareas 39.7 horas semanales.
En el caso de los varones, son 18.2 horas a estas tareas, lo que impacta directamente su permanencia en sectores que demandan alta disponibilidad y esquemas rígidos de presencialidad.
Es así que la maternidad y el hogar se convierten en puntos de inflexión profesional para muchas mujeres altamente capacitadas.
De acuerdo con el estudio “Retos y perspectivas del trabajo” de WeWork y PageGroup, el 59% de las personas con hijos prefiere el modelo híbrido y casi el 65% desearía trabajar presencialmente solo tres días por semana.
Esto confirma que la flexibilidad estructurada es el equilibrio más valorado.
De esta manera el desafío ahora es que el entorno laboral evolucione al mismo ritmo y esté preparado para retener a las mujeres, las impulse y acompañe en cada etapa de su vida profesional, una vez que México ya está formando mujeres científicas, ingenieras y tecnólogas con el talento y la capacidad para liderar el futuro.
