El Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora el 10 de septiembre, es una oportunidad para poner el tema sobre la mesa también en los centros de trabajo.
En México 8 mil 856 personas se quitan la vida anualmente, de acuerdo a datos del Inegi; la mayor parte de los casos se concentra entre los 15 y 34 años, un rango donde el 72% reporta agotamiento extremo.
Si bien el suicidio responde a causas multifactoriales y no puede atribuirse únicamente al empleo; entender su magnitud ayuda a dimensionar el reto.
El 72% de los trabajadores mexicanos reporta síntomas de agotamiento laboral extremo.
Para atender esta situación, el Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) creo la herramienta Factor Wellbeing, que ha identificado que el apoyo percibido en el entorno cotidiano funciona como un factor protector clave, por lo que, fortalecerlo ayuda a evitar que el estrés severo escale hacia la desesperanza.
La directora del Observatorio del IPBI de Tecmilenio, Ivonne Vargas, señala que la conducta suicida no aparece de un día para otro, sino que se construye a partir de señales que muchas veces pasan inadvertidas.
“Por eso creemos que la prevención empieza por escuchar, y por construir espacios de trabajo donde hablar de salud mental no sea un tabú, sino una prioridad», comentó.
Para frenar una escalada, el IPBI plantea capacitar a los líderes de equipo bajo un esquema de primeros auxilios psicológicos.
El objetivo no es delegar en las jefaturas un rol terapéutico, sino dotarlas de tres herramientas puntuales: identificar variaciones conductuales atípicas, sostener un diálogo privado que valide el momento de crisis sin juzgar, y activar la derivación inmediata a servicios especializados.
En un país, como México, donde la inmensa mayoría de las unidades económicas son pequeñas y medianas empresas sin departamentos médicos propios, el entrenamiento enseña a los mandos a enlazar a la persona con redes públicas y gratuitas de urgencia, como instituciones de salud pública, si la empresa no tiene medios propios de atención.
El reto institucional abarca también la capacidad de respuesta ante un evento consumado. Cuando un colaborador fallece por suicidio, la falta de una guía estructurada suele provocar silencios, rumores y sentimientos de culpa que fracturan la estabilidad del área y elevan el riesgo en otros compañeros vulnerables.
La profesionalización del liderazgo en contención temprana y la gestión ordenada del duelo permiten a las organizaciones transitar de programas de bienestar superficiales a protocolos operativos que protegen el clima laboral y resguardan la vida de sus integrantes.
