En su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha reafirmado su enfoque intervencionista en América Latina, reviviendo elementos de la Doctrina Monroe para contrarrestar influencias externas como la de China y combatir amenazas internas como los cárteles de drogas. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha impulsado acciones audaces, incluyendo la operación militar que derrocó a Nicolás Maduro en Venezuela, facilitando la transición a Delcy Rodríguez y asegurando acuerdos petroleros favorables para empresas estadounidenses. Esta política de «paz a través de la fuerza» ha marcado intervenciones en el Caribe y el Pacífico, con más de 100 bajas reportadas en operaciones contra narcos, y ahora culmina en la creación del «Escudo de las Américas», una alianza militar anunciada este fin de semana en Doral, Florida.

La cumbre, celebrada el 7 de marzo en el club de golf de Trump en Doral, reunió a líderes de al menos 12 países alineados ideológicamente con la derecha, como Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago. Trump proclamó una «guerra hemisférica» contra el narcotráfico, comparando a los cárteles con el Estado Islámico y prometiendo el uso de misiles precisos y fuerza letal para destruirlos, protegiendo infraestructuras críticas y frenando la migración ilegal. La alianza, coordinada por la exsecretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem como enviada especial, busca erradicar organizaciones criminales transnacionales y contrarrestar adversarios extranjeros.

Notablemente, no fueron invitados países clave como México, Brasil, Colombia, Cuba y, en cierta medida, Venezuela (pese a elogios a Rodríguez). Estos excluidos ostentan un liderazgo significativo en la región: México, como vecino directo de EE.UU. y epicentro de la violencia según Trump, representa una economía integrada con el TLCAN y un rol primordial en migración y comercio; Brasil, la mayor potencia económica sudamericana, influye en temas ambientales como la Amazonia y en foros multilaterales; Colombia, histórico aliado en la lucha antidrogas, destaca por su producción de cocaína y su influencia en la paz regional bajo un gobierno progresista; Cuba y Venezuela, con regímenes socialistas, ejercen peso ideológico en movimientos de izquierda y alianzas antiimperialistas, aunque Cuba enfrenta crisis económicas que Trump ve como inminentes colapsos. Estas ausencias resaltan divisiones ideológicas y cuestionan la durabilidad de la coalición, como una imposición bajo la Doctrina Monroe actualizada.

Si México recibe eventualmente una invitación al Escudo de las Américas, el gobierno mexicano tiene que hacer valer el derecho internacional y el diálogo por sobre cualquier conflicto para garantizar la paz en la región, independientemente de los intereses políticos de los Estados Unidos que se han manifestado en los últimos movimientos. Priorizar el multilateralismo, la soberanía y mecanismos como la ONU o la CELAC sobre intervenciones unilaterales o militares alineadas con agendas externas y fortalecer la doctrina Estrada.