Entre el 20 de febrero y el 27 de marzo de 2026, el precio de la urea (fertilizante nitrogenado de alta concentración, utilizado para promover el crecimiento rápido) se incrementó 25.8%; el del fosfato diamónico (DAP) 26.4% y el del fosfato monoamónico (MAP) 28.7 por ciento.

Estos incrementos confirman la crisis de disponibilidad de abonos y fertilizantes a nivel mundial, provocada, principalmente por el conflicto en Medio oriente, incremento en los precios de petróleo y problemas de logística para su producción y distribución.

De acuerdo a especialistas, de prolongarse la situación, puede convertirse en una catástrofe agroalimentaria global.

El presidente del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), Juan Carlos Anaya Castellanos, dijo a El Economista que, la situación para México, podría poner en riesgo la producción de alimentos.

Refirió que entre enero y febrero de 2026 el país importó 561 mil toneladas de fertilizantes, lo que representó un incremento de 34.2% en comparación con las 418 mil toneladas compradas en el mismo periodo del año anterior.

Los riesgos en México

Anaya Castellanos destacó que el incremento en el precio de fertilizantes, además de bajos precios de algunos productos, como granos, podrían provocar que algunos productores decidan no sembrar, debido a la falta de rentabilidad.

Reconoció que antes del inicio de la guerra en Irán, se reportaron aumentos en los precios de los fertilizantes, cercanos al 30%, ocasionados por precios bajos de los granos.

De acuerdo a EL Economista, la situación en el mercado internacional de fertilizantes se agravó en los últimos meses, sin embargo, ha registrado problemas desde el 2022, al inicio de la invasión de Rusia a Ucrania.

Recuerda que el 21 de marzo pasado, Rusia decidió detener las exportaciones de fertilizantes para proteger su mercado interno de alimentos. Además, detuvo la exportación de materias primas para la elaboración de abonos como el nitrógeno.

Señala que la producción de abonos y sus compuestos se ha visto particularmente afectada en países de Europa, en donde solo la producción de nitrógeno bajó 75 por ciento.

Ante este panorama, Juan Carlos Anaya, consideró muy probable que en el ciclo agrícola que inicia haya pérdida de rentabilidad para los productores agrícolas mexicanos y los costos se trasladarán al consumidor.