De acuerdo al análisis realizado por la empresa líder en soluciones de energía limpia, Energía Real, Jalisco, Nuevo León, Chihuahua, Guanajuato y Coahuila son los estados en México que lideran la adopción de generación distribuida.
Afirmó que en el país, el autoconsumo industrial ha evolucionado significativamente al recordar que, años atrás, esto solo consistía en instalar paneles solares en un techo, mientras que hoy integra un ecosistema energético más completo que incluye generación distribuida, sistemas de almacenamiento de energía en baterías, control algorítmico y conexión inteligente con la red.
Al respecto el director de Crecimiento en Energía Real, Oscar García, menciona que el autoconsumo dejó de ser una conversación sobre paneles y equipos, se trata de una conversación sobre competitividad y control operativo.
Agregó que detrás de la maduración del autoconsumo hay tres dinámicas estructurales:
- La saturación creciente de la red pública en zonas de alta demanda, que limita la confiabilidad del suministro y afecta la continuidad operativa de plantas industriales.
- El aumento sostenido de los costos eléctricos, que presiona los márgenes operativos especialmente en sectores intensivos en energía como manufactura, automotriz, alimentos y minería.
- La necesidad de garantizar calidad energética en procesos automatizados, donde una interrupción de minutos puede traducirse en pérdidas de producción relevantes.
Señaló que la publicación en el Diario Oficial de la Federación de los requisitos del permiso de generación para autoconsumo interconectado en centrales de entre 0.7 y 20 MW, ofrece certeza regulatoria clara a proyectos de escala industrial bajo la Ley del Sector Eléctrico.
Esto permite acelerar decisiones de inversión entre empresas que operan en sectores de demanda energética más compleja.
Adicionalmente, consideró que, al ampliar el umbral de generación distribuida sin necesidad de permiso especial de 0.5 MW a 0.7 MW, permite un aumento del 40% en la capacidad que una empresa puede instalar bajo un esquema simplificado sin tramitar permisos ante la Comisión Nacional de Energía (CNE).
Estos cambios permiten a las empresas estabilizar costos energéticos, sostener la calidad de su energía ante fluctuaciones, reducir dependencia de las limitaciones de la red pública y tomar decisiones más estratégicas sobre cuándo consumen, cuánto pagan y cómo garantizan continuidad operativa.
“El cambio de rol es profundo: para estas empresas, la energía pasó de ser un insumo que se compra reactivamente a ser un sistema que se diseña, gestiona y optimiza activamente, con efectos directos en costos, continuidad y capacidad de crecimiento”, puntualizó García.
