El cambio climático redefine los retos y habilitadores de las redes eléctricas en América latina, una vez que la región enfrenta el impacto de un calentamiento global acelerado y es susceptible a fenómenos, como El Niño, cada vez más intensos.
De acuerdo al análisis publicado en The Conversation, los cortes masivos de energía sufridos el año pasado muestran que incluso sistemas altamente modernizados siguen siendo vulnerables.
Si bien los sistemas eléctricos modernos son más inteligentes, también son más complejos y sensibles a perturbaciones en cascada.
“La transición energética y las redes inteligentes no eliminan el riesgo de apagones; en algunos escenarios climáticos extremos podrían incluso aumentar la complejidad y vulnerabilidad del sistema”, señala la publicación.
América Latina posee una de las matrices eléctricas más renovables del mundo y lidera globalmente la integración de energías limpias en el sector eléctrico.
La hidroelectricidad, que actualmente representa cerca del 40% de la generación regional, ha sido históricamente la columna vertebral del sistema energético latinoamericano y continuará desempeñando un papel clave en la transición energética de la región.
El documento advierte que estudios recientes consideran que el cambio climático altera los patrones de aceleración y aumentan la frecuencia e intensidad de eventos extremos asociados a sequías prolongadas.
Menciona que uno de los ejemplos más representativos de esta dependencia es Colombia, donde cerca de dos tercios de su generación provienen de centrales hidroeléctricas, altamente sensibles a fenómenos climáticos.
Precisa que el país experimentó una crisis energética en 1992 y volvió a enfrentar una situación crítica durante la sequía de 2015-2016, cuando la caída de los niveles de los embalses coincidió con problemas operativos en plantas térmicas de respaldo.
La preocupación es que estas condiciones podrían intensificarse en las próximas décadas. El aumento de las temperaturas incrementa la evaporación en embalses y acelera el estrés hídrico en regiones ya vulnerables, como el Caribe colombiano, Chile central, Venezuela y el nordeste brasileño.
Investigaciones climáticas recientes muestran que la combinación entre sequías más severas, cambios en los patrones de lluvia y eventos extremos más frecuentes podrían reducir la confiabilidad de la generación hidroeléctrica en varios países sudamericanos.
El desafío de la transición energética no es solo generar energía limpia, sino garantizar energía firme y resiliente bajo condiciones climáticas extremas ante una demanda que no se detiene.
Chile, Brasil, Argentina y México lideran la integración de fuentes solares y eólicas en su matriz.
Sin embargo, Colombia y Venezuela, altamente dependientes de las plantas hidroeléctricas, han tenido un ritmo notablemente menor en la aceleración e implementación de estos proyectos.
Durante años, la modernización de los sistemas eléctricos se ha asociado con una mayor capacidad de respuesta y confiabilidad.
Esta transformación también está aumentando la complejidad operativa. Las redes modernas deben coordinar múltiples fuentes intermitentes, responder rápidamente a cambios en la demanda y mantener estabilidad en escenarios cada vez más dinámicos.
La creciente penetración de generación renovable, además del aumento de la electrificación y la dependencia de sistemas digitales, hacen que la resiliencia ya no dependa únicamente de generar suficiente energía. Ahora también está sujeta a la capacidad del sistema para anticipar perturbaciones, adaptarse rápidamente y evitar que pequeñas fallas se conviertan en apagones masivos.
Es así que América Latina necesita acelerar la incorporación de energías renovables para diversificar su matriz energética y disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados.
Además, tecnologías como el almacenamiento energético, la digitalización y las redes inteligentes pueden mejorar significativamente la eficiencia y flexibilidad del sistema eléctrico.
Sin embargo, la discusión energética ya no puede centrarse únicamente en cuántos megavatios nuevos se instalan.
El verdadero desafío es construir sistemas capaces de operar de forma segura bajo escenarios climáticos extremos, incertidumbre hidrológica y condiciones operativas cada vez más complejas.
Esto implica fortalecer la transmisión, diversificar fuentes de respaldo, expandir la infraestructura de gas y almacenamiento, e incorporar herramientas avanzadas de monitoreo y análisis predictivo.
