La presidencia personal de Donald Trump

Poco después de su elección en noviembre del 2016, Donald Trump anunció que su esposa Melania y su hijo Baron, de 10 años de edad, permanecerían en Nueva York en vez de mudarse a la Casa Blanca con el mandatario.

 

Supuestamente esto sería para que el niño pudiera terminar su año escolar antes de cambiarse de escuela.

Pero ahora que se aproxima el fin del año escolar, no parece que la primera dama y su hijo se vayan a cambiar de ciudad, y el costo al gobierno de protegerlos en Manhattan es altísimo: más o menos 50 millones de dólares al año.

Eso es sin contar el costo de la protección que el Servicio Secreto le da a los hijos adultos de Trump, y en esta presidencia también se está protegiendo a la familia extendida del presidente, algo que no es usual.

De manera similar, el costo de los viajes del presidente estadounidense son muy altos.

Para comenzar, Trump ha pasado por lo menos 25 de sus primeros 100 días en la presidencia en uno de sus clubes de golf, principalmente Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida. Además de esos días, pasó 8 días más desplazándose a eventos oficiales en otros sitios. En total, jugó golf por lo menos 19 de sus primeros 100 días en la presidencia.

Resumiendo, el mandatario pasó más de una tercera parte de sus primeros 100 días fuera de Washington, D.C. Comparándolo con otros presidentes, vemos que Obama solo estuvo fuera de la capital 4 días (durante los cuales viajó al extranjero para reunirse con otros líderes del mundo), Bush hijo estuvo fuera 14 días y Bill Clinton no dejo la Casa Blanca ni un solo día en ese mismo periodo.

El costo de estos viajes durante la presidencia de Trump es estratosférico: más 25 millones de dólares en los primeros 100 días. Obama, por su parte, gastó un total de 97 millones de dólares...¡en 8 años!

Esto significa que Trump podría gastar más en viajes en un año que el costo total de dos periodos presidenciales de Obama. En 8 años, esto ascendería a más de mil millones de dólares en viajes. Y además, la mayoría de los días que Obama estuvo viajando fueron a reuniones oficiales, no a campos de golf.

Finalmente, cada día que Trump pasa en uno de sus hoteles o clubes de golf es un día en el que el gobierno federal le está pagando a una compañía de Trump. O sea, el gobierno paga para que el presidente se quede ahí, sin importar que el presidente sea también el dueño de las instalaciones. Esto presenta un conflicto ético para el mandatario y para el país, uno que le parece importar poco.

Dicha circunstancia ha causado preocupación en Washington y en el resto del país. Varios miembros del Congreso, incluyendo al Representante Jason Chaffetz, del Partido Republicano de Trump, se han quejado de esta situación. Pero a Trump no le importa: él tiene su presidencia personal. Y lo que esto le cuesta al gobierno, que realmente quiere decir lo que le cuesta al ciudadano, no le podría importar menos siempre y cuando él se beneficie.

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* Sam Stone Canales nació en Chicago, Illinois, de una madre mexicana católica y un padre estadounidense judío.  Se graduó summa cum laude con una licenciatura en Ciencias Políticas Relaciones Internacionales, e Historia de Baldwin Wallace University en Ohio, Estados Unidos.  También cursó un doctorado en Derecho en la George Washington University en Washington, D.C., del cual se graduó con altos honores académicos.  Adicionalmente, tiene un diplomado en Derechos Humanos y Derecho Penal Internacional de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, y un Diplomado sobre la Política y Economía de la Unión Europea en Ginebra, Suiza. 

Durante y después de sus estudios, Sam trabajó con el Departamento de la Justicia (la PGR estadounidense), en un bufete internacional de abogados llamado Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, con un senador federal en Ohio, y en una corte federal en Washington, D.C.  Habla cuatro idiomas y ha viajado a 29 países en cinco continentes. Radica en Puebla y ahora se suma al grupo de editorialistas de urbeconomica.com