El Pulso de la Industria / Sin Reglas no hay Libre Comercio PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Ing. Thomas Karig   
Martes, 19 de Septiembre de 2017 04:00

Hemos hablado mucho de lo que no se puede resolver a través de la modernización del NAFTA, especialmente las banderas políticas del Señor Trump. Básicamente un acuerdo de Libre Comercio consiste en definir las reglas bajo las cuales se lleva a cabo este intercambio de mercancías libre de aranceles…

 

En consecuencia, el que no cumple las reglas, no tiene acceso a los beneficios del tratado. Y son precisamente estas reglas las que son materia de las negociaciones que actualmente se llevan a cabo.

Una de ellas es que los países miembros del tratado se reservan el derecho de especificar las condiciones bajo las cuales un producto se puede vender en su territorio, es decir normas sanitarias y de seguridad principalmente. Claro está que esas normas se deben de aplicar por igual a mercancías de origen nacional como a las importadas.

Como cada país en principio va creando sus propias normas, el cumplir con las del país de destino puede ser todo un reto para el exportador, y hacer muy complejo su diseño del producto y su proceso de producción. Y esa es una de las razones por la cual el acceso a los mercados de exportación no está al alcance de muchas empresas.

En la Unión Europea, donde todas las mercancías fluyen libremente de un país a otro, primero hubo que abocarse a la tarea titánica de crear normas europeas para todos los productos imaginables, ¿se figuran ustedes qué ha significado eso? Por ejemplo para los ingleses, que tuvieron que sacrificar las pulgadas por los centímetros…

Una de las propuestas que normalmente se ponen en la mesa de negociación de un acuerdo como el NAFTA es el reconocimiento mutuo de las normas, en otras palabras: el país de destino acepta productos que cumplen las normas del país de origen. El problema de este planteamiento es que ambas partes tienen que estar convencidas de que sus normas respectivas son equivalentes, y es ahí donde difícilmente se ponen de acuerdo.

México tiene normativas relativamente robustas en temas sanitarios y farmacéuticos, y tiene instituciones que aseguran su cumplimiento. Pero en el lado de productos industriales, desde aparatos domésticos hasta automóviles, México prácticamente carece de normas propias y de las herramientas para verificar el cumplimiento, aunque sea, de las normas del país de origen.

Hasta hace dos años, México no tenía estándares, por muy básicos que fueran, para la seguridad de los automóviles. Temas como luces, frenos y sistemas de retención, mejor conocidos como cinturones de seguridad y bolsas de aire, se dejaban al criterio de los fabricantes e importadores.

Hoy los fabricantes tienen que demostrar documentalmente que sus vehículos cumplen con las normas de alguno de los principales países de origen, pero eso está muy lejos de poder llamarse un sistema normativo mexicano.

Y por cierto, México tiene la misma carencia, ya no relacionada directamente con el tema comercial, en asegurar que los vehículos en uso, que circulan en las carreteras del país, cumplen con condiciones mínimas de seguridad. Sin duda ese es una de las causas por la cual México tiene una de las cifras de víctimas de accidentes de tránsito más altas del mundo.

En conclusión: el libre comercio no consiste nada más en eliminar los aranceles. Tanto las empresas como los gobiernos tienen que hacer esfuerzos adicionales para asegurar el cumplimiento de las normas que aplican a los productos. Y México todavía tiene tareas que hacer, para estar a la altura de sus socios comerciales.

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